miércoles, 15 de febrero de 2017

El otro

En nuestra oscuridad
de propietarios
de asperezas
el otro nos convida
sus sales de abrigo
sus pedazos de cielo
sus brazos de alivio,
la luz de la playa
su arena
de sonrisas,
pibes
en danzas de olas

la presencia del otro
deja un vestido
hecho de palabras
risas
momentos compartidos






lunes, 23 de enero de 2017

Los amantes

Polizones del tiempo
viajan
por un espacio invisible
retornan
de un más allá
sin gravedad.

Fugitivos del aquí y ahora

ciudadanos
de un país inesperado
que surge
en la vecindad del secreto

sus reglas rompen
todo orden patrimonial

con la tinta de la ocasión
rubrican sus nombres recónditos

criaturas inacabadas,
su condición es la indigencia.




Imagen: Serie "Los amantes", 
 Ricardo Carpani
Pintura: acrílico/lienzo.
circa 1975


lunes, 14 de noviembre de 2016

Estelas

Era un crepúsculo de cartón, sostenido aparatosamente por un andamio, donde observé naufragar las líneas en los mares de canela.
Eran bandadas de líneas, secas y desnudas. Pensé en ese momento que eran los trazos que le faltan a ciertas cosas, y comprendí la perplejidad que se siente al ver la figura de un perro que salvo, un rostro que casi, una escena que aunque.
El momento estaba impregnado de un cierto ambiente de ceremonia secreta. Era un encuentro furtivo, una celebración, diría. Miríadas de líneas. organizadas en montones, habían acudido.
Sus movimientos describían trayectos de repetición rítmica, dejando la insistencia de una figura.
Tal vez se trataba de un diálogo, algún tipo de intercambio que precedía a su claudicación.
Todas eran prófugos segmentos, perdidos para siempre, casi visiones fugaces.
Con extraña celeridad, luego, comenzaron a perderse entre la marejada que animaba la superficie marítima, confundiéndose paulatinamente con el mar, hasta su total desaparición.

(Circa año 2000)



Imagen: Vassily Kandinsky
Sín título (Dibujo para "Diagrama 17"),1925.

lunes, 3 de octubre de 2016

Polietileno

Ahí van las bandadas en continuos latidos. Se despliegan como una red y lo envuelven todo: grandes edificios, árboles, antenas. Los pájaros salpican la ciudad, rompen los gigantes bloques, marean su estrépito. Se posan solitarios -casi imperceptibles- en veredas, alféizares, desoladas terrazas, fugaces cables. Enjaulan la ciudad en invisibles haces de polietileno, envolviéndola. Y en miríadas de encuentros, recomponen la figura desdibujada y arrastran el animal urbano hacia otras latitudes.



Imagen: Paul Klee, "Twittering machine", año 1922.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Sindicato de poesía

no vivo no siento no respiro poesía
no estoy en ningún sindicato
que discuta en paritarias libres
el justo salario del poeta
sus honorarios libres

no he clavado banderas en luna poética
no he descubierto continente lírico alguno

ella me visita sin preguntar,
entra a mi casa se sienta a mi mesa
como un huésped inesperado
de quien sólo ocasionalmente
logro estar a la altura

mientras tanto vivo siento respiro
discuto en paritarias libres
a través de sindicatos
un salario mundano

fijo mis honorarios en los vaivenes
de la oferta y la demanda
transacciono bienes a cambio
de mi fuerza de trabajo

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cuando callo

Cuando callo trago árboles, rocas,
cúmulus nimbus, pequeños estuarios,
ciempiés que cosquillean mi garganta.

Cuando callo trago
las veces que sangré por amor,
un puente de arroyo
de infancia,
la insoportable burocracia
de la muerte.

Cuando callo trago
los destinos en el mundo
que no quiero transitar,
las artes ocultas del miedo
y la desazón,
el pequeño apocalipsis
del llanto.

Cuando callo y descanso
en la planicie cómplice
del silencio.



jueves, 11 de agosto de 2016

Epifanía

Ávidos por salir de la monotonía -la infancia lo exige-, con mi primo y un amigo subimos a nuestras bicicletas y fuimos inmediatamente a la cava municipal. Un gran pozo de algunas hectáreas de superficie y zonas de diez metros de profundidad, ubicado en las afueras del pueblo. De ella se extraía tierra para distintos requerimientos.
El comentario que nos había llegado decía que una excavadora se había topado con los huesos de un gliptodonte por accidente, extrayendo tierra para el terraplén de un camino.
Tuvimos que recorrer la honda superficie irregular un buen rato hasta que dimos con algunos de sus restos. Seguramente el conductor de la máquina había detenido su trabajo al toparse con los huesos de semejante bestia. Pensar que su largo sobrepasaba los tres metros, bastó para imaginarnos el encuentro de dos criaturas de porte similar y miles de años de diferencia.
En una superficie de tres o cuatro metros cuadrados se esparcían placas óseas de más de cinco centímetros de espesor, con sus característicos patrones ornamentados en relieve. Parecidos a jeroglíficos naturales, estuvimos hechizados un largo rato, queriendo descifrar algún mensaje secreto en ellos. El caparazón que conformaban debió ofrecer blindaje ante distintos peligros. Hubiera jurado haberlo visto desplazarse por la pampa como un armadillo gigante.
Nos retiramos del lugar, magnetizados por la epifanía de la que habíamos sido testigos.