miércoles, 1 de marzo de 2023

La boca del infinito

 

    El poeta platense Leandro López en su sexto libro Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío emprende una exégesis poética de esa voz que marcó una generación, la de Kurt Cobain. 
    Leandro indaga esa desmesura que parecía venir de la garganta del más allá, de una búsqueda de exorcizar un tormento interior ("cuando el adentro exige afuera", diría Leandro). Esa "boca del infinito" que parecía abismar a Kurt, y terminó por devorarlo. 
    Desde su diario de condenado Kurt Cobain nos grita su temporada en el infierno neoliberal, donde el altar capitalista sólo entroniza a las mercancías. De ahí que lo excluido, lo rechazado funge como su envés: "Ser lo que nadie quiere ser, despojo, barranco, lata abollada. ¿Existe dignidad mayor?", escribe Leandro. 
    Pero la del autor no es una exégesis poética que pretenda comprender y volver soportable la disrupción cultural que género Cobain con su "íntimo e intransferible apocalipsis". El libro de Leandro López habla desde ese mismo vórtice donde las palabras raspan como piedras en busca de su sonido original ("legado de un dolor impar"). 
    Como un río turbio el fraseo de Leandro nos envuelve con imágenes inquietantes. A veces sórdidas, a veces lúgubres. De una belleza que no nos ahorra encontrarnos con la orfandad de la desesperación ("hacer de la cornisa tierra firme"). Como en otros de sus libros (ver Mitología de la noche) su cuidada escritura nos abre a un mundo de criaturas poéticas impensadas. 
    Leandro López en cada frase cifra un universo inabarcable que bastaría para llegar al corazón del lenguaje: su silencio atronador. Con "el nombre de su yunque" da martillazos que iluminan ese infierno tan temido que es el infinito. 
    En la línea de los poetas malditos, la voz de Leandro López como la de Kurt Cobain iluminan con oscuridad. 
    Atreviéndose con la poesía a los confines donde el lenguaje no llega, esos "precipicios donde se extravía todo nombre". 

Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío 
Leandro López 
Proyecto Hybris Ediciones 
La Plata, 2022

sábado, 14 de enero de 2023

El laboratorio y la mosca

  


  El poeta platense Andrés Szychowski en "Singapur" -su quinto libro- nos introduce en un laboratorio poético con el que desarma la caja negra del lenguaje. Como un científico brillante/prueba su máquina/ de teletransportación, Andrés nos invita de entrada a un universo patafísico donde el tiempo es reversible y la geografía -como el pensamiento- se resuelve en conexiones inesperadas y sorprendentes: ...nuestro pensamiento/también es una matriz, como las telas de araña:/una tela que se expande/a todos los rincones del universo. 
    A través de sus páginas sufrimos el bello desconcierto (te consulto si en el sufrimiento/no hay una pizca de belleza) de no saber distinguir las palabras de las cosas, que hacen carambolas entre sí. Palabras cargadas de afecto como papá/y mamá, junto a un inventario de especies de roedores. Todos juntos en la mesa de disección, al decir de Lautréamont. 
    Como sujetos infectados por la mosca del lenguaje que somos, en la batalla permanente entre hablar y ser hablado, Andrés nos propone la poesía como salida del laberinto. 
    En "Singapur" el bestiario de figuras retóricas del lenguaje campea con naturalidad, junto a la lógica. Donde una palabra nunca puede ser igual a sí misma, sin ser igual a sí misma: Se murió la reina de Inglaterra/Pero se murió la reina de Inglaterra. 
    Con humor e irreverencia enfrenta la materia poética y la solemnidad de las musas: se fue a otra hoja en blanco/para que lo trataran con dignidad. 
    Este libro tiene el mérito de esperarnos con el hermoso espantapájaros de la poesía, allí donde el comunicador exige el mensaje (porque leer en público/es ensuciar el viento). 
    Andrés logra en "Singapur" que el mundo funcione según la arbitrariedad del signo poético, donde la gravedad de la palabra no cae nunca por su propio peso. 

Andrés Szychowski 
"Singapur" 
68 páginas 
Noviembre de 2022 
Pixel Editora

martes, 8 de febrero de 2022

Rito spinetteano

Estando en la calma chicha de una playa rural donde no llegaba señal telefónica alguna, se abrió una grieta que filtró el mensaje menos deseado. Días atrás había soñado con él: quería saludarlo y me cortaba el rostro. Un sueño horrible que me permitió entender por qué en ocasión de cruzarlo en otra playa, no me atreví siquiera a saludarlo. Hubiera querido contarle que me había casado un mes atrás con la mujer que amo, que en la pequeña y humilde iglesia en la que lo hicimos, la canción de bienvenida fue “Alma de diamante”. Quizás ahora lo sepa. 13/02/2012

lunes, 1 de noviembre de 2021

Wendy Carlos y el sintetizador Moog, una cuestión transgénero

 

Wendy Carlos junto al sintetizador Moog


            Leyendo a propósito del sintetizador Moog, conocí a Wendy Carlos. Esta compositora de música electrónica estadounidense nacida en 1939 tuvo dos circunstancias que cambiaron rotundamente su vida: el papel que tuvo en la popularización de este nuevo instrumento musical, y su decisión de asumir su identidad de género autopercibida, lo cual la llevó a realizarse una operación de cambio de sexo en los tempranos ‘70.

            El sintetizador Moog es un instrumento musical electrónico -inventado por el ingeniero Robert Moog, circa 1964- que puede generar una gama de sonidos infinitos a partir de señales eléctricas, lo que le permite adoptar funciones de instrumento líder, de bajo y de sección de cuerdas. Su sonido sintonizó bien con una época marcada por la conquista del espacio, el avance de la tecnología y la ampliación de los límites de lo posible.

Este instrumento fue presentado en el festival de Rock de Monterrey en el año 1967, donde varios músicos tomaron nota de la novedad. En 1968 Wendy Carlos se conoció con Robert Moog e iniciaron un intercambio que le permitió al ingeniero mejorar el gigante e incómodo sintetizador modular, logrando un modelo más práctico para la ejecución musical.

En el mismo año Wendy Carlos publicó el disco “Switched-on Bach” (Conectadx a Bach), donde por primera vez se utiliza un sintetizador en reemplazo de una orquesta. Haciendo un audaz cruce de géneros entre la música electrónica y la música clásica, convirtiéndose en el disco de música clásica más vendido de la historia con un millón de copias.

El uso del sintetizador Moog en este disco tuvo un impacto que siguió cruzando fronteras. Podemos seguir el rastro de este impacto en la obra de Stevie Wonder de inicios de los ’70, la inspiración que produjo en el movimiento de rock progresivo, en el rock sinfónico y el rock psicodélico en bandas como E, L & P, Yes, King Crimson, en otras bandas como The Doors, Pink Floyd, los Rolling Stones y en los mismos Beatles. Ni que hablar del Jazz-rock y jazz-fusión, donde fue pieza esencial en el proceso de incorporación de los instrumentos eléctricos y electrónicos. Y fue determinante en la evolución de la música electrónica en artistas como Kraftwerk, entre muchos otros. En Argentina, Charly García fue uno de los primeros en utilizarlo -con Sui Generis- en el disco "Pequeñas anécdotas sobre las instituciones" (1974)[1]. 

            Wendy Carlos fue pionera, también, en el uso de voces artificiales (vocoder) que se pueden escuchar en la espeluznante pieza musical que compuso para el famoso plano secuencia aéreo en el comienzo de la película “El Resplandor”, de Stanley Kubric. Para quien ya había compuesto parte de la banda de sonido de “La naranja mecánica”.

            Lo cierto es que tras los primeros pasos de su carrera, a partir de la popularización del sintetizador Moog que generó el disco “Switched-on Bach”, la crisis personal que venía arrastrando respecto a reprimir su autopercepción de género femenina, tocó fondo.  Sintiendo que su vida no tenía más sentido si no la vivía acorde a su identidad de género elegida, inició un derrotero que la llevó a conocer al Dr. Walter Benjamin, uno de los primeros médicos en realizar procedimientos quirúrgicos de cambio de género.

            Tras la operación que -al decir de ella- le salvó la vida, siguieron años de ostracismo respecto de la escena pública hasta que decidió dar una nota en la revista Playboy en el año 1979 donde dio a conocer su nueva identidad y brindó un testimonio conmovedor respecto al padecimiento de una persona que desde temprana edad siente que la identidad de género con la que la criaron, no se corresponde con quien siente que es.

El enfoque de la revista en esta entrevista fue frívolo y prejuicioso, tal es así que  el periodista se obstina en llamarla con el nombre de varón, previo a la transición. Sin embargo, es interesante una pregunta que le realiza: -“¿Hay alguna analogía entre tu música y tu identidad transgénero?”. La respuesta que da Wendy Carlos fue lúcida y esclarecedora:-“Una sola cosa [es análoga entre ambas] y es que “Switched-on Bach” en 1969 fue un buen barómetro musical, a la vez que la cuestión transgénero  en 1979 es un muy buen barómetro de actitudes sociales y sexuales. Cuando “Switched-on Bach” recién salió, generó fuertes reacciones. Aquellos que se sentían cómodos con todas las formas de la música, abiertos a las novedades, lo amaron. La cuestión transgénero, también, es un tema que genera fuertes reacciones, que tiende a polarizar a la gente, dependiendo de las actitudes respecto a la sexualidad y los derechos humanos. En ambos casos, no hay punto intermedio.”[2]

Así como el sintetizador electrónico rompió para siempre las barreras de los géneros musicales preestablecidos, provocando manifestaciones de rechazo de todo orden por alterar el status quo respecto a una forma de tocar y escuchar música, la cuestión transgénero -con la posibilidad de desatar el nudo religioso que ha unido el sexo anatómico con la identidad de género- desde entonces ha generado las mismas reacciones, a pesar del tiempo transcurrido. Sin embargo, parafraseando a Wendy, sigue siendo una cuestión de actitud frente al cambio y frente a los derechos humanos.



Tapa del disco, Conectadx a Bach"
Keith Emerson y el Moog

   

                                          

Charly García
Los Beatles 

                           



    


 

 



[1] Sin embargo en Argentina el primero que lo usó fue Palito Ortega en “Yo tengo Fe” (1973). Y es el inconfundible sonido de la cortina musical del Chavo del 8, “The elephants never forget” (Jean Jacques Perrey, 1970)

[2]Link a la entrevista completa: http://transascity.org/files/history/Carlos_Wendy_Playboy_Interview_1979.pdf



sábado, 2 de octubre de 2021

Aún me enciendes

 


Algunas canciones tienen algo que nos hechiza y conmueve sin saber bien por qué. Leyendo el libro "Spinetta, el lector kamikaze" de J.P. Duizeide, donde explora la influencia de las lecturas del Flaco en su lírica, como así también las influencias musicales llegué a la canción "Still...you turn me on" (Aún me enciendes) del disco "Brain salad surgery", de Emerson, Lake & Palmer. 

Iniciando con una envolvente atmósfera de música folck y aire celta, el tema genera un contraste soprendente entre una balada intimista y amorosa, con un estribillo que va de un logrado tono de susurro con la guitarra a un ataque sorpresivo con un punteo de guitarra eléctrica con el inconfundible pedal wah-wah (popularizado por Jimi Hendrix) que logra generar una densidad onírica disruptiva en la línea de la canción que le da una enigmática sensualidad. 
Vaya para más datos la increíble tapa del disco realizada por el artista gráfico H.R. Giger, quien diseñó la criatura de la película "Alien el octavo pasajero". 


lunes, 27 de abril de 2020

Pandemia


¿Qué dios habrá descargado su furia
sobre todos nosotros
consumidores de ingenios de mercado,
de entretenimientos de la verdad,
de felicidades recetadas?

Como si la ciudad se avergonzara
de un estigma consabido,
y el pudor ganara las calles,
transitamos con un velo en la cara

y una inusitada distancia
nos aleja de abrazos y saludos
confinandonos en la desconfianza
al prójimo, 
y el racionamiento de nuestro
sustento.

En la intimidad de nuestros hogares
expiamos nuestra culpa 
en un ritual de agua y jabón.






lunes, 30 de marzo de 2020

La locura

A Miguel Pawelek, internado en una clínica psiquiátrica hace años

La locura no es la forclusión del Nombre del padre.
La locura es un expediente en un juzgado de familia, tirado en un rincón
un proceso de determinación de la capacidad jurídica que no se mueve hace años
una evaluación de la Asesoria Pericial que nunca llega.
Parientes que se quedan con una jubilación.
Un equipo interdisciplinario en negro, sin vacaciones pagas ni licencia médica.
Una clínica psiquiátrica propiedad de un empresario.
Una obra social que expulsa trabajadores sociales con planes de ajuste.
Todas las burocracias conceptuales que ahorcan la esperanza.